Monday, June 16, 2008

30 enero 08




Ayer leí algo muy cierto y que sintetiza todo el problema: en todas las épocas de la historia, la lucha por el petróleo ha desencadenado graves situaciones. Obviamente, el ejemplo está con nuestro vecino del norte. La invasión a Irak, y ahora intentando con Irán; su búsqueda por el control de los recursos energéticos (como ya se comprobó, el pretexto anti-nuclear y armamentista fue un burdo chiste). Pero en México ya tuvo sus capítulos. El asesinato a Madero, por parte de Huerta, una maniobra de los EU para proteger sus intereses petroleros en nuestro país. Lázaro Cárdenas y la expropiación, 1938, ante las compañías norteamericanas que habían perdido un juicio por la manera atroz en que explotaban a trabajadores mexicanos y únicamente se avorazaban de nuestros recursos para obtener beneficio propio. Los hechos comprobados recientemente, en donde, ilegalmente ya se tienen tratos con Halliburton, la empresa Bush-Cheney. En fin, qué mejor manera que invadir un país, sin inventar una guerra.
Lo más relevante del asunto, es que no se trata de una inversión de capital y la búsqueda de una mejor administración; un país que administra el petróleo de otro, buscará todas las maneras de defenderlo y por tanto intervendrá en cuestiones de Estado, del ejército, impone presidentes, provoca golpes de Estado, derroca gobiernos democráticos, reprime al pueblo...la historia lo demuestra...*fUSER


Astillero
Julio Hernández López

Taberna gallega
Ruth se pone el saco
Pudorosa cortina de humo
Sigue la saña contra Flavio Sosa
Recatada, la virtuosa Ruth defendió airadamente su honra institucional que había sido global e indirectamente rozada por un comentario de Andrés Manuel López Obrador sobre tomas hispanas de piernas políticas. Siendo ella una de las varias personas involucradas en la agenda de arreglos a domicilio de la PANificadora Mouriño (interesada ahora en consolidar petroleramente su portafolio de inversiones), le pareció indispensable ponerse el saco marca Traición y saltar a los medios informativos con un lastimero discurso de género y una invocación decimonónica de los buenos modales: ella ha de pagar dolorosamente el costo de enfrentar a machos buscadores de pleitos de cantina que no soportan el éxito de las mujercitas en política.
La señora Zavaleta –a quien no mencionó por su nombre AMLO, ni dio alguna pista o indicio que permitiera ubicarla inequívocamente como destinataria– ha jugado un papel de alegre colaboracionismo con los intereses de Felipe Calderón y su banda presidencial (es decir, la banda de negociantes y politiquillos que lo acompañan). Fue, ya se sabe, la diputada que cedió su lugar en la tribuna de San Lázaro a Manlio Fabio Beltrones para que pudiera rendir protesta el presidente constitucional de la República de Los Pinos. Tales virtudes cesionistas hicieron que su banda, Los Chuchos, aprovechando acuerdos entre partidos de rotación conductora, la colocara como presidenta de la mesa directiva de la Cámara de Diputados en el año legislativo en curso, cargo desde el cual, entre aplausos e inmejorables opiniones de los adversarios del movimiento encabezado por López Obrador, ha hecho cuanto le ha sido posible para acomodarse a la tesis envenenada de que la izquierda debe ser "moderna, dialogante y civilizada", características todas ellas deseables pero que, en los hechos, es decir, en la estrategia felipista, son un ardid conceptual que busca justificar que esa izquierda negocie con el presidente formal 0.56 por ciento y haga planes conjuntos que beneficien al calderonismo y den migajas a los monaguillos de la Vieja/Nueva Izquierda Derechizada.
La más reciente cesión de la modosa Ruth fue recibir en su oficina de la Cámara de Diputados al comisionista Mouriño que está en campaña de promoción del negocio del siglo, la apertura de Pemex a capitales privados en ciertas áreas apetitosas (del 0.56 por ciento electoral al 10 por ciento, cuando menos, de comisión mercantil). Tan celosa de su honra, la cesionista Zavaleta pudo delegar en otro directivo ese encuentro sugerente de que el encargado de una parcial desnacionalización de Pemex la estuviese visitando para acordar los términos de una estrategia legislativa conjunta. Si el primero de diciembre de 2006 dejó su lugar a un jefe priísta imprescindible para la Operación Calderonazo, y ya en otras ocasiones se ha hecho a un lado para no compartir foro fotografiable con el licenciado Felipe, ahora bien pudo haberse excusado de una cita que evidentemente daría pie a maledicencias.
Pero Ruth no cuidó su honra de presunta filiación izquierdista y, parapetada tras un discurso de coartadas "institucionales", permitió que Mouriño le tomara políticamente la pierna, al grado de que mientras Zavaleta mordía su rebozo y negaba que hubiese habido algún tipo de tocamiento en materia petrolera, Galicia-Bucareli informaba que sí se habían dado acercamientos y tratamientos (¡oh!). Sospechosa de estarse prestando a los planes felipescos de privatización de la industria petrolera sin mover la letra constitucional (sospecha que en días por venir habrá de confirmarse o desecharse), la pudorosa Ruth tendió una cortina de humo feminista sobre el tema, al responder a un señalamiento que no le había sido hecho específicamente a ella y dar parque mediático oportuno a los adversarios del eje de resistencia a esas privatizaciones, Andrés Manuel López Obrador, a quien la dulce y educadísima Zavaleta consideró un buscapleitos de taberna.
Además, claro, Rosario Rob… no, perdón, Ruth Zavaleta, dijo que en ella son insultadas todas las mujeres, pues esos machos peleoneros creen que "sólo tenemos la posibilidad de ser buenas madres, y si nos atrevemos a tener un papel protagónico relevante, entonces somos descalificadas". Y, sin embargo, se mueve: el fondo de todo son los acuerdos Chuchos/Felipe, aterrizados por la casta alianza Camilo/Ruth para ceder paso a la nueva toma del petróleo mexicano.