La guerra perdida contra el narco. FEB 07
La guerra perdida contra el narco.
El gobierno federal se ha involucrado en una guerra que ningún ejército ni gobierno del mundo ha podido ganar. Tratar de terminar con la producción y el tráfico de la droga llenando de soldados y policías el territorio nacional, es como tratar de terminar con el terrorismo islámico invadiendo Irak. Un fenómeno tan complejo requiere de soluciones realistas, efectivas y serias. Éstas son algunas que podrían funcionar:
Solución agrícolaEn cosa de unas cuantas décadas décadas, las sucesivas administraciones federales lograron acabar con el agro mexicano. Los únicos cultivos que todavía son rentables en este país son los de estupefacientes, y han sobrevivido precisamente porque no han recibido ninguna ayuda ni asesoría gubernamental. Para poder acabar, entonces, con la producción de enervantes, bastaría con dos o tres sexenios de planes y programas de apoyo y fomento, y de que los secretarios de agricultura tomen personalmente en sus manos el asunto, para que el sector quiebre miserablemente. Solución rusaPor más que los gringos insistan que los consumidores de droga existen porque existe la oferta, cualquier economista- razonable y que no sea gringo- les podría explicar que en realidad existe la oferta porque existe la demanda. Si nuestros productores enviaran sus toneladas de mota, coca, tachas y nadie del otro lado de la frontera las consumiera, en menos de lo que canta un R 15 abandonarían el negocio por incosteable y cambiarían de giro comercial. Dice el refrán popular que, muerto el perro se acabó la rabia, y esto aplicado al narcotráfico implicaría que, para acabar con todos los problemas y gastos que éste nos genera, debemos acabar con los consumidores. Un curso intensivo de capacitación en Rusia de los pilotos de la PGR que fumigan los cultivos de enervantes y unas cuantas toneladas de polonio radioactivo podría ser la solución que buscamos. Solución de mercadoDespués de tantos años de adoctrinamiento del Banco Mundia y el FMI, y después de más de una década de TLC, deberíamos haber aprendido que la mejor forma de hacer desparecer a un sector de la economía es ponerlo a competir contra otro más grande y más fuerte sin darle ninguna protección. El negocio de la droga florece en nuestro país porque es prácticamente un monopolio- en muchos casos protegido por el estado-, pero, si abrimos las fronteras de manera indiscriminada a la importación de droga extranjera y brindamos a las mafias foráneas seguridad jurídica, facilidades fiscales y protección a sus inversiones, nuestra producción se colapsará en unos cuantos años –igualito que la de maíz, caña de azúcar, etc-. Existe la remota posibilidad, sin embargo, de que nuestros cárteles se reorganicen, modernicen y se vuelvan más productivos y competitivos, lo cuál no acabaría entonces con el negocio del narco nacional, pero sí incrementaría la cantidad de divisas que ingresarían al país, lo cuál pensándolo bien no es del todo despreciable.
Solución fiscal.Si las políticias fiscales han hecho quebrar a tantos negocios en el país, no hay razón para dudar de que, si hacemos que el negocio del narcotráfico se integre a la economía formal, éste también quiebre y desaparezca al convertirse los capos en causantes cautivos, obligados a pagar el ISR, IVA, impuesto al activo, impuesto a la nómina y demás ocurrencias. Solución migratoriaEs obvio que, si no hay campesinos no hay producción agrícola. Por lo tanto, si se trasladan contingentes numerosos de polleros a las regiones de mayor producción de enervantes, y al mismo tiempo se intensifican ahí las medidas de ajuste económico promovidas por los organismos financieros internacionales, en poco tiempo no quedará un solo paisano que trabaje la tierra en cientos de hectáreas a la redonda, y así los narcos tendrán que dedicarse a otra actividad ó irse también para el otro lado de mojados. Solución utópicaUna solución que ninguno de los sucesivos gobiernos ha considerado, quizás por ser demasiado idealista, romántica y hasta utópica, es la de invertir lo que sea necesario en educación, salud, cultura, ciencia, tecnología, investigación, deporte, cultura y el bienestar, en general, de la gente. Sin tener pruebas documentales, me atrevería a pensar que existe un vínculo entre pobreza y crimen, y más específicamente entre pobreza y narcotráfico. Llama poderosamente la atención el hecho de que, siendo dos los países que tenemos miles de millas de frontera con los Estados Unidos, solo en uno- el nuestro para más señas- el narcotráfico es un problema de dimensiones apocalípticas. Algunos dirán que es cuestión del clima; que los canadienses no producen mariguana y amapola porque las matas y flores no crecen en la nieve, pero algo me dice que el hecho de que nuestros socios comerciales del norte-norte tengan uno de los niveles de vida más altos del mundo, quizás influya en que no cambien su trabajo de ocho horas diarias por un cuerno de chivo, un invernadero, un kit de hidroponía, una camioneta Pik Up y los compactos de los Tigres del Norte y los Tucanes de Tijuana.
El gobierno federal se ha involucrado en una guerra que ningún ejército ni gobierno del mundo ha podido ganar. Tratar de terminar con la producción y el tráfico de la droga llenando de soldados y policías el territorio nacional, es como tratar de terminar con el terrorismo islámico invadiendo Irak. Un fenómeno tan complejo requiere de soluciones realistas, efectivas y serias. Éstas son algunas que podrían funcionar:
Solución agrícolaEn cosa de unas cuantas décadas décadas, las sucesivas administraciones federales lograron acabar con el agro mexicano. Los únicos cultivos que todavía son rentables en este país son los de estupefacientes, y han sobrevivido precisamente porque no han recibido ninguna ayuda ni asesoría gubernamental. Para poder acabar, entonces, con la producción de enervantes, bastaría con dos o tres sexenios de planes y programas de apoyo y fomento, y de que los secretarios de agricultura tomen personalmente en sus manos el asunto, para que el sector quiebre miserablemente. Solución rusaPor más que los gringos insistan que los consumidores de droga existen porque existe la oferta, cualquier economista- razonable y que no sea gringo- les podría explicar que en realidad existe la oferta porque existe la demanda. Si nuestros productores enviaran sus toneladas de mota, coca, tachas y nadie del otro lado de la frontera las consumiera, en menos de lo que canta un R 15 abandonarían el negocio por incosteable y cambiarían de giro comercial. Dice el refrán popular que, muerto el perro se acabó la rabia, y esto aplicado al narcotráfico implicaría que, para acabar con todos los problemas y gastos que éste nos genera, debemos acabar con los consumidores. Un curso intensivo de capacitación en Rusia de los pilotos de la PGR que fumigan los cultivos de enervantes y unas cuantas toneladas de polonio radioactivo podría ser la solución que buscamos. Solución de mercadoDespués de tantos años de adoctrinamiento del Banco Mundia y el FMI, y después de más de una década de TLC, deberíamos haber aprendido que la mejor forma de hacer desparecer a un sector de la economía es ponerlo a competir contra otro más grande y más fuerte sin darle ninguna protección. El negocio de la droga florece en nuestro país porque es prácticamente un monopolio- en muchos casos protegido por el estado-, pero, si abrimos las fronteras de manera indiscriminada a la importación de droga extranjera y brindamos a las mafias foráneas seguridad jurídica, facilidades fiscales y protección a sus inversiones, nuestra producción se colapsará en unos cuantos años –igualito que la de maíz, caña de azúcar, etc-. Existe la remota posibilidad, sin embargo, de que nuestros cárteles se reorganicen, modernicen y se vuelvan más productivos y competitivos, lo cuál no acabaría entonces con el negocio del narco nacional, pero sí incrementaría la cantidad de divisas que ingresarían al país, lo cuál pensándolo bien no es del todo despreciable.
Solución fiscal.Si las políticias fiscales han hecho quebrar a tantos negocios en el país, no hay razón para dudar de que, si hacemos que el negocio del narcotráfico se integre a la economía formal, éste también quiebre y desaparezca al convertirse los capos en causantes cautivos, obligados a pagar el ISR, IVA, impuesto al activo, impuesto a la nómina y demás ocurrencias. Solución migratoriaEs obvio que, si no hay campesinos no hay producción agrícola. Por lo tanto, si se trasladan contingentes numerosos de polleros a las regiones de mayor producción de enervantes, y al mismo tiempo se intensifican ahí las medidas de ajuste económico promovidas por los organismos financieros internacionales, en poco tiempo no quedará un solo paisano que trabaje la tierra en cientos de hectáreas a la redonda, y así los narcos tendrán que dedicarse a otra actividad ó irse también para el otro lado de mojados. Solución utópicaUna solución que ninguno de los sucesivos gobiernos ha considerado, quizás por ser demasiado idealista, romántica y hasta utópica, es la de invertir lo que sea necesario en educación, salud, cultura, ciencia, tecnología, investigación, deporte, cultura y el bienestar, en general, de la gente. Sin tener pruebas documentales, me atrevería a pensar que existe un vínculo entre pobreza y crimen, y más específicamente entre pobreza y narcotráfico. Llama poderosamente la atención el hecho de que, siendo dos los países que tenemos miles de millas de frontera con los Estados Unidos, solo en uno- el nuestro para más señas- el narcotráfico es un problema de dimensiones apocalípticas. Algunos dirán que es cuestión del clima; que los canadienses no producen mariguana y amapola porque las matas y flores no crecen en la nieve, pero algo me dice que el hecho de que nuestros socios comerciales del norte-norte tengan uno de los niveles de vida más altos del mundo, quizás influya en que no cambien su trabajo de ocho horas diarias por un cuerno de chivo, un invernadero, un kit de hidroponía, una camioneta Pik Up y los compactos de los Tigres del Norte y los Tucanes de Tijuana.

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