¿Cuánta patria necesita un ser humano? - 19 julio 2006
¿Cuánta patria necesita un ser humano?
ENRIQUE MAZA
En estas elecciones hubo irregularidades y fraude. Desde la injerencia de Fox en el proceso, la utilización de recursos oficiales ilícitos a favor del panista; desde la guerra sucia e inmoral en los medios, hasta presiones en las casillas, anulación de votos legítimos, inyección de votos inexistentes, falsificación de actas y resultados, publicación de cifras maquilladas. Fraude cibernético. Una nueva modalidad de fraude. Y luego la proclamación descarada de Ugalde a favor del panista. Y el panista que se autoproclama beatíficamente. El PAN, como es nuevo en el poder, es más voraz.
En realidad, lo que se anunció en las campañas y se votó en las casillas no fue un candidato contra otro, fue una visión de país frente contra otra. López Obrador puso el énfasis y la urgencia en los pobres y asustó a los ricos. Calderón lo puso en los empresarios y desengañó a los pobres. Dicho sea de paso, ya que Calderón se dice católico, Juan Pablo II enfatizó desde 1987, en viaje a América Latina: "Los pobres no pueden esperar". Desde entonces hasta la fecha, los pobres han aumentado y siguen aumentando en México, que es un país de pobres. Hasta las cifras gubernamentales dan mayoría de pobres: 60%. Otras cifras con otros criterios dan 80%. Sólo un hecho que publica Reforma, el 12 de julio, con datos del Conapo: La población en situación de pobreza alimentaria aumentó del año 2000 a la fecha, y sobrepasa 20% de la población total.
Esto es lo que se estaba peleando en la elección, por más que las líneas divisorias no sean claras: una prioridad por la dignidad de los pobres, que pretende realizar la unidad social por la justicia, independientemente de lo que se pueda lograr. Y otra que quiere la ganancia de los grandes empresarios y de las transnacionales, bajo el pretexto de que esa ganancia crea empleos que sacan a los pobres de su pobreza. Este segundo proyecto es el que se ha practicado en el país, y su resultado es que los pobres aumentaron y sus salarios disminuyeron. Es el proyecto de Calderón y del PAN, como lo fue el de Fox. Los alegatos del panista a favor de los pobres no tocan el fondo del problema y de la solución. Hasta ahora sólo han sido palabrería de campaña para llenar un enorme hueco.
Pero un proyecto de sociedad se define por el lugar que atribuye al hombre, a todo hombre, y por la relación que establece entre el individuo y la colectividad. En este sentido, el proyecto de López Obrador y el proyecto de Calderón son diametralmente opuestos: uno es "primero los pobres", y el otro es "primero los empresarios". Este fue el meollo de la elección, no la chamba política de unos cuantos más o menos honestos o más o menos corruptos. No se trata del poder; se trata del servicio, sobre todo a los más necesitados, a través de políticas que los saquen del hoyo en que los hemos metido. Y eso, por necesidad, toca el modelo económico. De ahí la urgencia del PAN, de Calderón y de los empresarios por la silla presidencial, para ganar y llevar a cabo su modelo de país.
Pero la mexicana es una sociedad mayoritariamente de pobres. Por eso el gobierno, y la campaña, debían centrarse de manera importante en los pobres. Pero por eso también les era necesario a los panistas que estas elecciones no fueran una promesa de remedio a la pobreza y a su dolor vital concomitante, sino que sólo la dotaran de alguna receta inofensiva a través de la cual pudiera canalizarse. La crítica vale sólo como una discusión entre los privilegiados y los que se encuentran en el mando, no como un legítimo reclamo popular.
Eligieron la proclamación anticipada de triunfo, apresurada e ilegal, antes de que el reclamo popular pudiera tener instancias de rechazo. Pero no les dio el resultado inmediato que esperaban. Y, al más típico estilo priista, echaron mano del fraude posible en las urnas y del fraude cibernético en la computadora. El PAN demostró ser un remedio rebajado del PRI. En esta elección, convirtió a los vencidos no competitivos de las elecciones del PRI en perdedores competitivos del PAN. Sólo se le dio una conveniente revolcada a la realidad. Salimos del PRI para entrar en el PAN . Materializaron la misma escala de valores y misma indignidad. Para los pobres no hay modo de acceder a lo superior desde abajo. Para el pueblo, el portazo en la cara. No cuentan en absoluto sus derechos, los reclame o no. Aquí sólo se fundamentan el individualismo y la arrogancia de los ricos y de los políticos a su servicio. Sigue resonando aquella pregunta de Jean Améry:
"¿Cuánta patria necesita un ser humano?"
La transformación de los recursos del poder en una influencia efectiva para toda la nación sigue siendo un problema al que no le encuentran solución, porque la buscan en donde no está. Y no está en la fragmentación para controlar. No está en exacerbar los conflictos culturales, como se pretendió hacer para justificar las deficiencias del cómputo. Tampoco está en este modelo económico. Hay muchas pruebas. La que más golpea es la migración de millones de mexicanos que se van a buscar la vida y la patria en otra parte; la más desoladora y más inhumana es la miseria en que viven muchos pueblos indígenas, desde la Tarahumara hasta Chiapas y Oaxaca. Ahí no llegan los empresarios a crear empleos; ahí no van los grandes almacenes y no se vende nada, porque no se puede comprar nada.
¿Cuánta patria necesita un ser humano?
Estas elecciones nos han precipitado por el declive de los principios éticos más elementales, por la pérdida del respeto hacia las autoridades, por el desmoronamiento de la ética, por el deterioro de la cortesía, por la vulgarización de la cultura, por la degradación de la cultura popular, por el desencuentro entre la conducta y la decencia, por el desprestigio de las instituciones. Imposible, por ejemplo, volver a respetar al IFE. Y lo que nos falta por ver y por saber.
La crisis de México, es una crisis moral, entre otra razones, por la ausencia de un sentido global de la vida, de los criterios éticos incondicionales, de objetivos dignos que motiven de fondo a la nación . Muchos hombres y mujeres no saben ya cuáles son las preferencias que debemos respetar, las opciones fundamentales que debemos tomar –mucho más allá de ganar dinero - , para tener una vida satisfactoria en una patria con solidaridad, visión y coherencia, en vez de esta crisis de orientación, de este vacío de sentido, que sólo nos llevan a la frustración, a la división, a la inseguridad y al miedo. Y, por lo mismo, al exterminio de todos nuestros valores, porque estamos haciendo que la democracia circule exactamente como cualquier producto de mercado , como el petróleo o como los capitales. La exclusión no es una consecuencia accidental, es la lógica del modelo neoliberal que Calderón quiere seguir y afianzar.
ENRIQUE MAZA
En estas elecciones hubo irregularidades y fraude. Desde la injerencia de Fox en el proceso, la utilización de recursos oficiales ilícitos a favor del panista; desde la guerra sucia e inmoral en los medios, hasta presiones en las casillas, anulación de votos legítimos, inyección de votos inexistentes, falsificación de actas y resultados, publicación de cifras maquilladas. Fraude cibernético. Una nueva modalidad de fraude. Y luego la proclamación descarada de Ugalde a favor del panista. Y el panista que se autoproclama beatíficamente. El PAN, como es nuevo en el poder, es más voraz.
En realidad, lo que se anunció en las campañas y se votó en las casillas no fue un candidato contra otro, fue una visión de país frente contra otra. López Obrador puso el énfasis y la urgencia en los pobres y asustó a los ricos. Calderón lo puso en los empresarios y desengañó a los pobres. Dicho sea de paso, ya que Calderón se dice católico, Juan Pablo II enfatizó desde 1987, en viaje a América Latina: "Los pobres no pueden esperar". Desde entonces hasta la fecha, los pobres han aumentado y siguen aumentando en México, que es un país de pobres. Hasta las cifras gubernamentales dan mayoría de pobres: 60%. Otras cifras con otros criterios dan 80%. Sólo un hecho que publica Reforma, el 12 de julio, con datos del Conapo: La población en situación de pobreza alimentaria aumentó del año 2000 a la fecha, y sobrepasa 20% de la población total.
Esto es lo que se estaba peleando en la elección, por más que las líneas divisorias no sean claras: una prioridad por la dignidad de los pobres, que pretende realizar la unidad social por la justicia, independientemente de lo que se pueda lograr. Y otra que quiere la ganancia de los grandes empresarios y de las transnacionales, bajo el pretexto de que esa ganancia crea empleos que sacan a los pobres de su pobreza. Este segundo proyecto es el que se ha practicado en el país, y su resultado es que los pobres aumentaron y sus salarios disminuyeron. Es el proyecto de Calderón y del PAN, como lo fue el de Fox. Los alegatos del panista a favor de los pobres no tocan el fondo del problema y de la solución. Hasta ahora sólo han sido palabrería de campaña para llenar un enorme hueco.
Pero un proyecto de sociedad se define por el lugar que atribuye al hombre, a todo hombre, y por la relación que establece entre el individuo y la colectividad. En este sentido, el proyecto de López Obrador y el proyecto de Calderón son diametralmente opuestos: uno es "primero los pobres", y el otro es "primero los empresarios". Este fue el meollo de la elección, no la chamba política de unos cuantos más o menos honestos o más o menos corruptos. No se trata del poder; se trata del servicio, sobre todo a los más necesitados, a través de políticas que los saquen del hoyo en que los hemos metido. Y eso, por necesidad, toca el modelo económico. De ahí la urgencia del PAN, de Calderón y de los empresarios por la silla presidencial, para ganar y llevar a cabo su modelo de país.
Pero la mexicana es una sociedad mayoritariamente de pobres. Por eso el gobierno, y la campaña, debían centrarse de manera importante en los pobres. Pero por eso también les era necesario a los panistas que estas elecciones no fueran una promesa de remedio a la pobreza y a su dolor vital concomitante, sino que sólo la dotaran de alguna receta inofensiva a través de la cual pudiera canalizarse. La crítica vale sólo como una discusión entre los privilegiados y los que se encuentran en el mando, no como un legítimo reclamo popular.
Eligieron la proclamación anticipada de triunfo, apresurada e ilegal, antes de que el reclamo popular pudiera tener instancias de rechazo. Pero no les dio el resultado inmediato que esperaban. Y, al más típico estilo priista, echaron mano del fraude posible en las urnas y del fraude cibernético en la computadora. El PAN demostró ser un remedio rebajado del PRI. En esta elección, convirtió a los vencidos no competitivos de las elecciones del PRI en perdedores competitivos del PAN. Sólo se le dio una conveniente revolcada a la realidad. Salimos del PRI para entrar en el PAN . Materializaron la misma escala de valores y misma indignidad. Para los pobres no hay modo de acceder a lo superior desde abajo. Para el pueblo, el portazo en la cara. No cuentan en absoluto sus derechos, los reclame o no. Aquí sólo se fundamentan el individualismo y la arrogancia de los ricos y de los políticos a su servicio. Sigue resonando aquella pregunta de Jean Améry:
"¿Cuánta patria necesita un ser humano?"
La transformación de los recursos del poder en una influencia efectiva para toda la nación sigue siendo un problema al que no le encuentran solución, porque la buscan en donde no está. Y no está en la fragmentación para controlar. No está en exacerbar los conflictos culturales, como se pretendió hacer para justificar las deficiencias del cómputo. Tampoco está en este modelo económico. Hay muchas pruebas. La que más golpea es la migración de millones de mexicanos que se van a buscar la vida y la patria en otra parte; la más desoladora y más inhumana es la miseria en que viven muchos pueblos indígenas, desde la Tarahumara hasta Chiapas y Oaxaca. Ahí no llegan los empresarios a crear empleos; ahí no van los grandes almacenes y no se vende nada, porque no se puede comprar nada.
¿Cuánta patria necesita un ser humano?
Estas elecciones nos han precipitado por el declive de los principios éticos más elementales, por la pérdida del respeto hacia las autoridades, por el desmoronamiento de la ética, por el deterioro de la cortesía, por la vulgarización de la cultura, por la degradación de la cultura popular, por el desencuentro entre la conducta y la decencia, por el desprestigio de las instituciones. Imposible, por ejemplo, volver a respetar al IFE. Y lo que nos falta por ver y por saber.
La crisis de México, es una crisis moral, entre otra razones, por la ausencia de un sentido global de la vida, de los criterios éticos incondicionales, de objetivos dignos que motiven de fondo a la nación . Muchos hombres y mujeres no saben ya cuáles son las preferencias que debemos respetar, las opciones fundamentales que debemos tomar –mucho más allá de ganar dinero - , para tener una vida satisfactoria en una patria con solidaridad, visión y coherencia, en vez de esta crisis de orientación, de este vacío de sentido, que sólo nos llevan a la frustración, a la división, a la inseguridad y al miedo. Y, por lo mismo, al exterminio de todos nuestros valores, porque estamos haciendo que la democracia circule exactamente como cualquier producto de mercado , como el petróleo o como los capitales. La exclusión no es una consecuencia accidental, es la lógica del modelo neoliberal que Calderón quiere seguir y afianzar.

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